Cómo ayudar al éxito educativo de una persona autista

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Por Andrea Araya Vega, Profesora Equipo Psicoeducativo CTA, Universidad de Atacama

La vida dentro de cualquier centro educacional puede representar un gran desafío para una persona autista. Sin embargo, existen diversas recomendaciones y apoyos que pueden implementarse para disminuir el estrés, la ansiedad y la confusión que algunos estudiantes pueden experimentar en su vida académica. Distintos estudios estiman que, a nivel mundial, aproximadamente 1 de cada 100 personas se encuentra dentro del espectro autista. Esto no significa necesariamente que haya aumentado la cantidad de personas autistas, sino que hoy existe un mayor acceso a procesos de evaluación y diagnóstico.

Algunas actividades académicas habituales pueden constituir un desafío importante para ciertos estudiantes autistas. Entre ellas se encuentran los trabajos grupales, las presentaciones orales, las evaluaciones sorpresivas o metodologías altamente impredecibles, como algunas yincanas o actividades que implican cambios constantes. No obstante, muchos estudiantes que requieren pocos apoyos pueden desenvolverse adecuadamente cuando se realizan ajustes sencillos que permitan eliminar barreras. Esto no significa, de ninguna manera, disminuir la exigencia académica, reducir la dificultad de una evaluación ni modificar los resultados de aprendizaje esperados. Eliminar barreras significa generar condiciones que permitan que cada estudiante pueda demostrar efectivamente lo que sabe y lo que es capaz de hacer.

Es importante comprender, además, que la eliminación de barreras no constituye un favor ni un acto asistencialista, sino que forma parte del derecho a una educación inclusiva. La inclusión no puede depender únicamente de la buena voluntad de quienes participan del proceso educativo: requiere normas, procedimientos y apoyos claros, los cuales deben responder a las necesidades individuales de cada estudiante. Algunas acciones que pueden implementarse sin necesidad de recursos económicos:

  1. Centrarse en las fortalezas

Es fundamental identificar las habilidades y fortalezas que los estudiantes autistas pueden aportar a la clase y a la comunidad educativa. Cada persona autista posee un perfil diferente. Algunos estudiantes pueden desenvolverse especialmente bien en evaluaciones de selección múltiple, como las pruebas estandarizadas; otros pueden destacar en dibujo, idiomas, memoria, tecnología, música, ciencias, escritura o en áreas muy específicas de conocimiento.

Reconocer estas fortalezas permite generar experiencias de aprendizaje más significativas y, al mismo tiempo, favorece una mirada educativa centrada en las capacidades y no únicamente en las dificultades.

  1. Ser conscientes del entorno sensorial

Algunas personas autistas pueden experimentar altos niveles de estrés frente a determinados agentes sensoriales, como ruidos intensos, determinadas temperaturas, luces, olores, texturas o ambientes con demasiados estímulos simultáneos. Por esta razón, es importante conocer previamente las necesidades del estudiante y anticiparse a aquellas situaciones que podrían generar malestar o una crisis.

Entre los apoyos posibles se encuentran permitir el uso de audífonos o protectores auditivos durante determinadas actividades o evaluaciones; disponer de compresas de gel frío para estudiantes sensibles al calor; permitir pequeños ventiladores recargables y silenciosos sobre el escritorio; o facilitar espacios con menor carga sensorial cuando sea necesario.

También resulta muy relevante contar con información previa acerca de aquellos estímulos que podrían desencadenar una crisis, las estrategias que ayudan al estudiante a regularse y las rutinas que favorecen su bienestar. Esta información debe manejarse de manera respetuosa, confidencial y únicamente con fines de apoyo educativo.

  1. Evitar las ambigüedades y anticipar las actividades

La incertidumbre puede resultar especialmente agotadora para algunas personas autistas. No saber qué ocurrirá, enfrentar cambios inesperados o recibir instrucciones demasiado generales puede aumentar considerablemente el estrés. Planificar las actividades y comunicarlas con anticipación constituye una estrategia sencilla y muy efectiva.

Siempre que sea posible, es recomendable entregar instrucciones claras, concretas, ordenadas y por escrito. Lo mismo puede aplicarse a calendarios, evaluaciones, salidas pedagógicas, cambios de sala, exposiciones, actividades especiales o modificaciones en la rutina habitual.

También debemos considerar que algunos apoderados pueden requerir esta misma claridad, no sólo pensar que tenemos estudiantes autistas, también pueden haber apoderados. Entregar información organizada, formal y escrita facilita la participación y disminuye el desgaste que pueden producir las comunicaciones ambiguas o improvisadas.

Algo que para un docente o un equipo directivo puede parecer evidente, para una persona autista puede no serlo. Por ello, explicitar la información no significa sobreexplicar, sino favorecer la accesibilidad.

  1. Organizar adecuadamente el trabajo en equipo

Para algunos estudiantes autistas, formar espontáneamente un grupo de trabajo puede resultar muy complejo. Incluso estudiantes con un excelente rendimiento académico pueden quedar solos o ser excluidos simplemente porque tienen dificultades para acercarse a otros compañeros o incorporarse a un grupo ya formado. Por esta razón, en muchas ocasiones es recomendable que sea el docente quien organice los equipos de trabajo.

Los grupos pueden formarse considerando habilidades complementarias, conocimientos previos, intereses, formas de trabajo y competencias que sea necesario desarrollar.

De esta manera, el trabajo colaborativo deja de depender exclusivamente de las amistades y pasa a responder a una verdadera finalidad pedagógica.

Trabajar en grupo no debería realizarse únicamente porque sí. Toda actividad colaborativa debe tener un propósito claro y aportar al aprendizaje.

Del mismo modo, no siempre resulta pertinente transformar una evaluación escrita individual en una prueba grupal. El trabajo colaborativo debe diseñarse cuidadosamente para que permita desarrollar aprendizajes reales y no simplemente reducir la carga de trabajo o facilitar la resolución de las actividades.

  1. Ser flexibles

La flexibilidad puede marcar una diferencia importante en la experiencia educativa de un estudiante autista.

Algunos estudiantes prefieren sentarse siempre en el mismo lugar, utilizar un objeto sensorial para concentrarse, tomar apuntes en una tablet o teléfono, caminar brevemente durante determinados momentos o realizar pequeños movimientos mientras escuchan una explicación. Estas conductas no necesariamente significan falta de atención o desinterés.

Una persona puede ser muy tranquila y silenciosa, mientras otra puede hablar constantemente, moverse mucho o necesitar realizar movimientos repetitivos para regularse. Ninguna de estas características determina por sí sola cuánto está aprendiendo. Por ello, es importante observar el desempeño real del estudiante antes de interpretar determinadas conductas como falta de compromiso.

También pueden utilizarse estrategias conductuales de manera respetuosa y educativa: establecer metas claras, entregar refuerzos inmediatos, utilizar tickets de salida, reconocer explícitamente conductas positivas, corregir oportunamente sin exponer al estudiante y enseñar estrategias de autorregulación. Por ejemplo, frente a un ambiente de mucha conversación o ruido, puede ser beneficioso enseñar ejercicios breves de respiración o implementar pausas que permitan recuperar la concentración.

En definitiva, apoyar a una persona autista en su trayectoria educativa no significa disminuir las expectativas, sino comprender que no todos los estudiantes necesitan exactamente las mismas condiciones para aprender. La inclusión efectiva ocurre cuando dejamos de preguntarnos únicamente qué debe hacer el estudiante para adaptarse al sistema y comenzamos también a preguntarnos qué puede hacer el sistema educativo para eliminar aquellas barreras que dificultan innecesariamente su aprendizaje, participación y bienestar.

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