Especialistas U. de Chile explican qué es el autismo y por qué un buen diagnóstico marca la diferencia
Neurodiversidad
- En el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, la doctora Mariela Muñoz, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universidad de Chile, y el doctor Pablo Salinas, académico del Departamento de Neurología y Neurocirugía de la Facultad de Medicina y neurólogo de la Clínica U. de Chile Quilín, explican en qué consiste esta condición del neurodesarrollo y por qué un diagnóstico profesional es fundamental.
Este 2 de abril se conmemora el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo, una jornada que busca sensibilizar y concientizar a más personas sobre la condición del espectro autista.
Lo que sabemos, señala la doctora Mariela Muñoz, jefa del Servicio de Pediatría del Hospital Clínico Universidad de Chile, es que “no es una enfermedad, sino una condición del neurodesarrollo que acompaña a la persona desde la infancia y durante toda su vida, y que influye principalmente en la forma de comunicarse, relacionarse con otras personas y comprender el entorno”.
En muchos de estos casos se habla del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Esto es porque “cada persona es diferente: algunas pueden requerir más apoyo en su vida diaria y otras ser más independientes. No es una enfermedad que se “cure”, sino una condición que forma parte de la diversidad humana. En ese sentido, es mejor decir condición del espectro autista (CEA)”, asegura la doctora Muñoz.
En esta misma línea, el académico del Departamento de Neurología y Neurocirugía de la Facultad de Medicina y neurólogo de la Clínica Universidad de Chile Quilín, Pablo Salinas Carrizo, enfatiza que la neurodivergencia es cuando “la persona tiene una estructura cerebral distinta al promedio. Por lo tanto, se trata de características específicas que la acompañan siempre y que no constituyen una enfermedad”.
El neurólogo Pablo Salinas explica que “no tiene nada que ver con la inteligencia y no necesariamente tiene que ver con la atención”, sino que esta condición “define cómo las personas entienden y se relacionan con el medio y cómo realizan los procesos mentales. Es una condición en que la relación social es distinta a los estándares que se manejan en el promedio de las personas, vale decir, las personas neurotípicas”.
La importancia de un diagnóstico profesional
“El diagnóstico de la condición del espectro autista se realiza primero con una buena historia clínica y un examen físico para descartar alguna enfermedad que tenga relación con las características de funcionamiento social de la persona”, explica el doctor Salinas, añadiendo que “luego de eso, se debe realizar una evaluación específica de la cognición social y de otras funciones cognitivas con un neuropsicólogo especializado, un fonoaudiólogo o un terapeuta ocupacional especializado en el tema, para poder evaluar todas las esferas cognitivas, incluida también la inteligencia”.
El académico de la Facultad de Medicina aclara que “el sobrediagnóstico es un problema, puesto que entre las enfermedades que pueden confundirse con la condición del espectro autista existen también enfermedades de salud mental, como el trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de personalidad o eventualmente un trastorno afectivo bipolar”.
“Por eso es necesario que el diagnóstico de la condición del espectro autista sea hecho por un equipo de profesionales calificados, que además pondere cuáles son las características de la cognición social de la persona que son más relevantes, cuáles tiene que potenciar y aquellas en las que hay que reforzar algunas habilidades para poder desenvolverse en el mundo neurotípico”, añade Salinas.
¿A qué señales prestar atención?
Cuando existen dudas, explica la doctora Mariela Muñoz, lo mejor es consultar con especialistas, porque “la presencia de una o más de estas señales no confirma un diagnóstico”. Sin embargo, entregó algunas señales a las que prestar atención.
En lactantes (hasta los 2 años):
- Poco contacto visual
- No responder al nombre
- Retraso en el lenguaje o ausencia de palabras
- No señalar o compartir intereses (por ejemplo, mostrar objetos)
- Preferencia por jugar solo de forma repetitiva (por ejemplo, clasificar autos o juguetes por colores, ponerlos ordenados en fila, etc.)
En edad preescolar y escolar:
- Dificultades para relacionarse con otros niños
- Problemas para entender normas sociales o emociones
- Intereses muy intensos o restringidos
- Conductas repetitivas (movimientos como aleteo)
- Hipersensibilidad a ciertos estímulos (ruidos, luces, texturas)
En adolescentes:
- Dificultades persistentes en la interacción social
- Problemas para comprender ironías, dobles sentidos o normas sociales
- Aislamiento o ansiedad en situaciones sociales


