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El prestigio de la política

El prestigio de la política

El prestigio de la política depende, en gran medida, de la coherencia de la actividad, y particularmente del buen uso de los recursos públicos.  Se trata de emplear los medios públicos conforme su fin, el bien común.

La cultura de la sospecha, que generaliza a partir de casos puntuales, instala un desafío de la mayor envergadura en nuestra época: recuperar la confianza en las instituciones públicas.

El primer paso en ese camino es participar en la actividad pública, que se extiende más allá de los límites de la actividad estatal. El segundo, es conocer las dimensiones de la actividad política y su influencia en la vida de las personas.  El tercero, es participar en política, ya ejerciendo el derecho a sufragio, colaborando en la función pública, o formular propuestas de país.

El paso en falso es desentenderse.  Hay quienes se declaran vencidos, y creen que no hay en quien confiar.  Si los vicios de la política existen, es porque hay participantes que fallan.  Pero los errores son parte de toda actividad humana, y también una oportunidad de aprendizaje.

Así, evaluar el impacto de las políticas públicas, tal como lo hizo la DIPRES, es un paso necesario para perfeccionar el uso de los recursos públicos, y realizar esfuerzos en la búsqueda de esa perfección contribuye a la calidad de la política.

Hace 4 años, Atacama eligió a la izquierda, y le dio mayoría parlamentaria.  El episodio fue triste para la Región: Menos recursos; nada para la reconstrucción; más desempleo, y menos inversión. El mérito es que duró 4 años, tiempo suficiente para que la gente viera la verdad de sus promesas, y de sus protagonistas.

El 19 de noviembre tenemos la oportunidad de comenzar un cambio.  Demos el paso necesario para avanzar en la calidad de la política, elijamos a nuestra mejor gente de Atacama que construya un Chile que premie el esfuerzo, que ayude a quien está en desventaja, y que permita prosperar. Esos son los ideales del Presidente Piñera y Chilevamos.